Un día conocí un Roble

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Estaba viendo como funciona el mundo moderno, donde el dinero parece ser lo único que tiene valor y donde muchas personas han olvidado el placer de trabajar en algo que te gusta o han olvidado que el estar, compartir, reír y llorar con la familia y amigos tiene un valor que no se puede medir en Euros. Viendo como en este mundo en el que después de trabajar media vida en algo, cuando te conviertes con mucho placer y orgullo en alguien que hace muy bien su trabajo, resulta que de repente eres demasiado mayor y sin casi darte cuenta estás en el paro. Viendo como en este mundo obsesionado por el Euro, la experiencia y el trabajo bien hecho no tienen valor, y se prefiere la chapuza barata. Viendo todo esto, descubrí algo bueno que os cuento a continuación. 

Con los ánimos bajos,  y ya dedicándome sólo a los míos,  un día descubrí un grupo de gente que, como yo,  miró a su alrededor y se dio cuenta de que son las personas, sus conocimientos y la relación entre ellas lo que realmente tiene valor. No eran hippies que querían vivir de cuento o ilusos que no valoraban el dinero. Yo diría todo lo contrario. Son gente que valora tanto el dinero que decidió hacerle volver a su valor original: darle valor al producto o el servicio que ofrece la persona. El dinero en sí, sin nada por detrás, no tiene valor. Una idea que la crisis ha enseñado duramente a algunos,  pero  a otros como la banca, las grandes empresas o el gobierno, no quieren o quizás les cuesta  mucho aprender.

Un día,  un amigo me dijo que se reunían en Laredo y me acerqué a una de sus reuniones. Allí conocí a la gente de El Roble. El Roble es como se llama su moneda complementaria, y sí que es complementaria porque no reemplaza al Euro, sino que vive junto a él. Llenando esos huecos que al Euro no le interesan, esos huecos donde estamos los parados, lo mayores, los jubilados, las madres que han dejado el trabajo para cuidar de sus hijos y de su gente, o simplemente gentes que valoran más a las personas que al Euro. En esa reunión me contaron que El Roble tiene como “Banco Central” la confianza entre las personas y por eso solo funciona de manera local en Cantabria Oriental. Así las personas realmente tienen la oportunidad de conocerse.

Lo primero que pensé, en esa primera reunión a la que fui, fue “¿Pero qué puedo ofrecer yo?”. Con una gran sonrisa me contestaron que “¡Cualquier cosa! Todo el mundo sabe hacer algo y no tiene porqué ser de lo que trabajas o trabajabas.”. Charlando con los demás me di cuenta que había albañiles, profesores, comerciantes e ingenieros, pero que ofrecían pan, tartas, productos de sus huertas, servicios de informática, cuidado de niños y enfermos, transporte, cursos de informática , terapias,  etc,, un poco de todo, y esperando ofrecer cada vez más. Hay tiendas y comercios que se van uniendo y ofreciendo descuentos en robles y grandes ventajas.  Pero no es solo su trabajo, o de lo que ganan para vivir, es en muchos casos, lo que ellos disfrutan haciendo.

Yo , para empezar, me ofrecí de cuenta-cuentos, porque se me da  bien contar cuentos a niños, y al poco tiempo gané mis primeros 30 Robles contando un cuento en un cumpleaños. Los gasté rápidamente comprando una enorme tarta de manzana que por cinco Euros más unos Robles pude pagar sin problemas. Ahora participo cada vez más y ofrezco asesoría informática en muchos campos. 

Pero El Roble no solo es una moneda complementaria local, lo realmente importante de El Roble son el grupo de personas que lo componen. Esa comunidad que te sonríe al entrar y te valora por lo que eres y no por el dinero en tu bolsillo.

Aunque el dinero en el bolsillo tiene algo que El Roble no tiene. ¡No tiene dinero fabricado! Y con eso quiero decir billetes y monedas. Me explicaron que era porque fabricar monedas es caro, da lugar a manejos indeseados y es más valioso y sencillo no usarlo.

-¿Pero entonces cómo puedo saber lo que tengo?, les pregunté,  y allí conocí la cartilla.

Un pequeño libro donde hay que apuntar todos los intercambios que se hacen. Con la ayuda de una chica del grupo motor, ese grupo de gente que se turna para gestionar los trabajos y actividades del Roble,  apunté lo que había ganado como contacuentos y  lo que había gastado con la tarta que compré. Estos datos se anotan y suben a una web en Internet, donde todo queda reflejado, las cuentas cuadran  y donde encuentras todas las ofertas y demandas de lo que cada uno necesita, además de poder conocer y contactar con los distintos grupos que en tantos y tantos sitios también usan monedas alternativas y una economía que quiere ser sana y compartida. 

Así que en esta página, el CES, nos damos de alta cuando participamos en el Roble. Puede parecer complicado, pero no lo es, el CES es un sistema en Internet para gestionar los intercambios entre miembros de grupos como El Roble y con otros grupos.  De esta manera, un miembro del El Roble que estaba de viaje en Sevilla, donde también tienen su moneda local que se llama El Puma, pudo pagar con sus Robles cosas que estaban en Pumas. Todo porque el Puma también está en el CES. De esta manera, a pesar de que El Roble funciona solo en un entorno muy local, realmente está conectado con el resto del mundo al usar esta herramienta virtual. Tengo ya ganas de ir a Sevilla a ver a mi hermana y darle una sorpresa pagando en Robles algo del mercadillo del El Puma, ya que ella vive cerca del barrio de El Pumarejo, que es de donde es la moneda de El Puma. 

La primera vez que entré en el CES para ver el estado de mi cuenta y vi que también había un listado de todas las cosas que los miembros de El Roble ofrecen o que necesitan, me resultó mucho más fácil entenderlo, puede parecer un poco confuso cuando te lo explican pero es sencillo al verlo. Vi las distintas ofertas, y  me gasté unos cuantos Robles en una pizza que estaba buenísima, y en un arreglo de ropa que necesitaba. Como era al principio, gasté algo más de lo que tenía, pero ya me habían explicado que no pasa nada, lo importante es empezar y todo nuevo miembro tiene 100 Robles a su disposición para que pueda utilizar la oferta que necesite y ya le irán llegando demandas de lo que ofrece. 

Hoy, después de ya varios meses y unos cuantos mercadillos del El Roble, esta moneda se ha convertido para mi en algo igual de importante que el Euro. Pero realmente no se pueden comparar. El Roble es una moneda positiva, que ayuda a las personas y pequeños comercios de la comarca. Sobre todo, valora a esas personas que el Euro excluye rápidamente cuando ya no son rentables que es como yo me sentía. Ahora soy valioso en un mercado diferente, y cuando voy a un mercadillo de El Roble, puedo comprarme una cerveza,  un enorme pincho de tortilla y llevarme un trozo de tarta a casa pagando en Robles y muy pocos Euros. Que os puedo decir. Un día conocí un Roble y me senté bajo su ramas. Ese fue un buen día.

 

Autor: Alejandro Ahumada Avila.

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2 pensamientos en “Un día conocí un Roble

  1. Saludos, a todos los, miembros de El Roble.
    Los felicito por esta tan buena y creativa causa,que indica la unión y solidaridad entre, las personas de buena voluntad. debería ampliarse por toda nuestra Madre tierra. El Imperio, la Elite, se desmoronaría, ya no seriamos los peones o siervos, empoderarnos de nuestra dignidad como seres humanos y divinos que somos. Todo lo que la Tierra tiene es para nuestro uso, compartida en forma equitativa.(Somos Humano céntrico)
    Les deseo , todo el poder, fuerza, unión,prosperidad en su labor tan digna, desde Chile.

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